sábado, 26 de mayo de 2012

Prendí fuego a la lluvia. Y dejo que caiga 


mi corazón. Y según cayó, tú apareciste 


para reclamarlo, está muy oscuro, y yo 


estaba acabada, hasta que aparecieron 


tus labios y me salvaste, mis manos, 


eran fuertes, pero mis rodillas eran 


demasiado débiles como para 


sostenerme en tus brazos si nisiquiera 


me sostenía a tus pies. Pero hay una


 parte de ti que nunca conocí, todas las 


cosas que dijiste nunca fueron ciertas y 


los juegos a los que jugaste, siempre 


los ganaste. Pero prendí fuego a la 


lluvia, y la vi caer, mientras tocaba tu 


cara, ardió mientras yo lloraba, porque 


la escuché gritando tu nombre. Cuando


 me tumbaba contigo podría haberme 


quedado ahí para siempre, cerrar los 


ojos, sentirte aquí para siempre, tu y yo


 juntos, nada podría ser mejor. A veces 


me despierto por un golpe de la puerta, 


y te oigo llamarme, todavía te debo de 


estar esperando, incluso cuando sé que


 esto ya está acabado, no puedo evitar 


buscarte. Y nos lancé a las llamas, 


entonces sentí algo morir, porque sabía


 que sería la última vez.


Siempre nos han enseñado que las almas gemelas eran las dos mitades de un alma que se buscaban para volver a unirse. Lamentablemente, eso es crear en el ser humano una dependencia afectiva. Todo lo contrario de lo que enseñan en las clases de autoayuda. También nos explicaban que las almas gemelas eran dos almas tan iguales que, cuando encarnaban en el plano físico, siempre eran de distinto sexo para poder ejercer una atracción recíproca. De esa manera nos enseñaban a necesitar, a ser dependientes de un amor personal. No entendían que, al no necesitar, podíamos utilizar toda nuestra energía de amor para dar al otro. Al mostrarnos la teoría de esa manera nos indicaban todo lo contrario del genuino camino espiritual, que explica que el verdadero amor no necesita, porque es Amor de Servicio. Ese es el Amor impersonal. Porque el amor personal que damos y recibimos a diario se alimenta de emociones negativas difíciles de controlar, de dudas, de celos, de diversos roles de control entre uno y otro protagonista de ese sentimiento. Por el contrario, el Amor Impersonal no intenta manipular ni busca dominar a la persona a la que va dirigido ese afecto, sino que trata de serle útil... pues no importa uno, sino el otro. Pero para brindar ese amor tan excelso, tan elevado, no es necesario buscar la excusa de que somos la mitad de un todo y la otra mitad es aquel ser a quien tenemos que amar. Gracias a Dios, la respuesta es más sencilla y menos egoísta. Porque, en realidad, las almas gemelas no son dos partes de un mismo espíritu.Tampoco son necesariamente espíritus de distinto sexo, pues los espíritus no tienen sexo. La teoría espiritual explica que las almas vibran en forma sutil o en forma densa, de acuerdo a su altruismo o egoísmo. Cada vibración es distinta a la otra, pero hay espíritus que tienen vibraciones afines. Destaco que hay almas que vibran en la misma sintonía. Son espíritus cuya vibración está en resonancia. Si dichos espíritus fueran sonido, se podría decir que son ondas acústicas de la misma frecuencia y amplitud. Esas son las almas gemelas. La definición correcta es que las almas gemelas son espíritus que vibran en un acorde determinado, producido en repercusión con otro espíritu.

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En el mundo genial de las cosas que dices, hay historias de buenos y malos felices, sonrisas al verte, como diablos se puede tener tanta suerte. En el mundo genial de las cosas que dices, hay tesoros de hadas, planetas grises con millones de estrellas que llenan mi mente, yo no sé si se puede quererte más fuerte. Y adelante, hacia la luna, donde quiera que este, que somos dos, y es solo una, y yo ya estuve una vez. Ven dime: no, no, se duerme a mi lado, he vuelto a caer y sigue: tres, seis te llevo en mis manos, ya no te puedo perder. Y a ese mundo genial de las cosas que dices, no le falta ni amor, ni verdad ni matices, tu secreto ha entendido el calor de tenerte, no me faltes mi vida, no puedo perderte. Y en el mundo genial de las cosas que vives, hay castillos de luz y de herreros que dicen que la vida es mejor con palabras de suerte. Y adelante, es solo una, donde quiera que este, tú y yo dos, y la fortuna, que vuelve siempre otra vez y sigo: no, no, se duerme en tus manos, vuelvo a caer y sigo: tres, seis, me quedo a tu lado, ya no me puedes perder.



No hace falta entenderlo, basta creerlo.