sábado, 26 de mayo de 2012

Prendí fuego a la lluvia. Y dejo que caiga 


mi corazón. Y según cayó, tú apareciste 


para reclamarlo, está muy oscuro, y yo 


estaba acabada, hasta que aparecieron 


tus labios y me salvaste, mis manos, 


eran fuertes, pero mis rodillas eran 


demasiado débiles como para 


sostenerme en tus brazos si nisiquiera 


me sostenía a tus pies. Pero hay una


 parte de ti que nunca conocí, todas las 


cosas que dijiste nunca fueron ciertas y 


los juegos a los que jugaste, siempre 


los ganaste. Pero prendí fuego a la 


lluvia, y la vi caer, mientras tocaba tu 


cara, ardió mientras yo lloraba, porque 


la escuché gritando tu nombre. Cuando


 me tumbaba contigo podría haberme 


quedado ahí para siempre, cerrar los 


ojos, sentirte aquí para siempre, tu y yo


 juntos, nada podría ser mejor. A veces 


me despierto por un golpe de la puerta, 


y te oigo llamarme, todavía te debo de 


estar esperando, incluso cuando sé que


 esto ya está acabado, no puedo evitar 


buscarte. Y nos lancé a las llamas, 


entonces sentí algo morir, porque sabía


 que sería la última vez.

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